Flavia Di Luca Frish

LHN 2018 - 7 y 8 de Abril - Castillo de La Herradura

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< Actividades >

Biografía:

A lo largo de nuestra vida muchas veces vamos dando tumbos, buscando fuera algo que por fin nos haga definitivamente felices.
Flavia nació en Buenos Aires y desde pequeña ha sido consciente de esta búsqueda incansable en si misma. Emigró a España en el año 2002 y fue en Madrid en el año 2006 cuando, a raíz de la meditación y el trabajo de desarrollo personal, comenzó a vislumbrar la posibilidad del final del autosufrimiento.
En el año 2008 decide trasladarse con su compañero de vida a La Herradura en busca de una mejor calidad de vida. En el año 2014, después de haber sido madre de dos niños, dio un salto a lo desconocido y dejó su trabajo como Arquitecta especializada en Diseño de Iluminación en una Multinacional a tiempo completo para reencontrarse consigo misma. Pasó dos años como aprendiz en un taller de Cerámica y descubrió en La Herradura el Lu Jong (Yoga Tibetano). Esta maravillosa práctica le tocó profundamente, comenzando a integrar de manera natural su cuerpo y su mente, despertó su aspiración espiritual dormida desde el final de su adolescencia y le colocó frente a un nuevo camino. Fue entonces cuando, por la necesidad de comprender la naturaleza de esta nueva experiencia, decidió hacer la formación de profesora con su maestra Marjolein Meulblok. Profundizar en la práctica y en el entendimiento de sus orígenes y sus beneficios le motivó a compartir esta preciosa disciplina con los demás. Actualmente reside con su familia en La Herradura, es profesora certificada de Lu Jong desde el año 2016 y dedica parte de su tiempo a dar clases regulares y talleres para adultos y niños.
A finales de ese mismo año promovió y organizó la primera edición de La Herradura Natural. Actualmente en su tercera edición, su motivación sigue siendo la del primer día: propiciar un espacio donde cada uno pueda poner su trabajo y su esencia al servicio de los demás. Compartir desde el amor las prácticas que nos conducen y ayudan a liberarnos del autosufrimiento mediante el autoconocimiento, la aceptación, la gratitud y la confianza. Compartir humildemente quienes realmente somos, el camino recorrido y lo aprendido con el deseo profundo de que sea útil a los demás en su propio camino.
Porque la vida nos demuestra cada día que “El amor es colaboración, no competencia”